Laboratorio de transducciones

 

Dentro de la maleta, un dispositivo sonoro compuesto por una grabadora, cinco micrófonos de contacto, un cono de altavoz reutilizado y 10 metros de cables eléctricos viaja por algunas casas de Madrid. Un artefacto que solo sirve para subrayar lo que ya está – para amplificar lo que a veces olvidamos o damos por sentado. Los instrumentos ya los tenemos, basta escucharlos. El Lab es el acontecimiento que se genera, no lo que encontramos en el interior de la maleta.
Las sesiones cuentan con un guión que permea las acciones y sensibiliza la escucha.

Este trabajo es parte de un proyecto con mismo nombre realizado en 2018-2019 que investiga la escucha, el cuerpo y el lenguaje en sus fronteras y cruces para así plantear nuevas maneras de percibir y relacionarse con el otro y con el mundo.

Dossier completo del proyecto aquí.

Transducir es un término prestado de la bioquímica que significa transformar energía de una forma a otra. En este proceso el error – o el virus – es primordial. Por este motivo fue elegido para este proyecto en lugar del término traducir, en el cual no se expresa tan claramente este ruido experiencial, imperfecto, donde cada sujeto y cada momento influyen de manera única.

Esta palabra surgió de forma espontánea en una investigación realizada en 2012 para un trabajo titulado O olhar de dentro (La mirada de dentro), que trataba de transformar poesías en imágenes táctiles partiendo de un proceso colectivo de lectura e intercambio de percepciones y sensaciones, teniendo en cuenta características como textura, temperatura, consistencia y evocación sonora. A partir de ese momento me dediqué a este tipo de exploración, siempre acompañada de personas con diversidad neuronal/cognitiva/física. A lo largo de los años el sonido se ha vuelto casi central en estas producciones, debido a su potencialidad evocativa íntima y sinestesica, además de su carácter temporal que la aproxima al tacto. El Laboratorio de transducciones ha surgido después de la experiencia de impartir talleres donde un grupo diverso trabaja para transducir pinturas en composiciones sonoras. Hablar de sonido con personas sordas me abrió un campo de experimentación con las vibraciones y resonancias. Partiendo de experimentaciones con cajas acústicas, altavoces y materiales diversos como agua, arena, piedras, cadenas, he observado las maneras en que se puede transducir el sonido en tacto e imagen – abriéndose así un nuevo espectro de comunicación.

 

 

 

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