Sesiones de escucha – LAB

Proceso de creación para la instalación Laboratorio de Transducciones, parte de la expo NUDO-NIDO, Sala deArte Joven de Madrid, 2020

Transducir mundos, desorientarse desde lo cotidiano

Transducir es un término prestado de la bioquímica que significa transformar energía de una forma a otra. En este proceso el error – o el virus – es primordial. Fue elegido para este proyecto en lugar del término traducir, en el cual no se expresa tan claramente este ruido experiencial, imperfecto, donde cada sujeto y cada momento influyen de manera única.

Escuchar a los ruidos cotidianos, los sonidos míni­mos, es expandir la percepción y liberarla de prejui­cios estéticos. Oscar von Fischinger, cineasta que ha inspirado John Cage en sus experimentaciones, pensaba que todos los objetos de este mundo son dotados de espíritu, y que para liberarlo no hace falta más que tocarle ligeramente y obtener así un sonido, “el sonido es el alma de un objeto inanimado”, decía. Devolver a los objetos su espíritu sonoro y su vibración -su pulso- son tam­bién las premisas que motivaron el Laboratorio de Transducciones a transitar por pisos de Madrid.

Este es un proyecto que nació en 2018 y sigue desplegándose[1].En él, la exploración con el sonido es una manera de acercarme a la materialidad de los objetos, adentrarlos para ir más allá de sus usos comunes y ponerlos en nuevos tipos de relación con su entorno y con el cuerpo. Al hacerla con les participantes que me abren sus casas, nos deparamos con una desorientación que parte de lo cotidiano… Y que puede inaugurar otros modos de existir.

Durante las sesiones de escucha me sorprende ver cómo el ambiente cambia por completo después de unos minutos de experimentar con la escucha. Por supuesto, una sesión nunca es igual a otra, en cada una derivamos según lo que nos ocurre. Pero no puedo dejar de notar una constante: la duda al principio y el consecuente asombro.

Cuando entro por la puerta con la maleta, un arco de violín, diez metros de cables -entre otros aparatos apenas reconocibles- la gente me mira con inquietud, yo diría que casi con miedo. Intercambiamos algunas palabras mientras preparo el equipo. “Sólo hay sonido si hay contacto” es una frase que nos sirve de guía aquí.

Todo listo, surge la pregunta: “¿Y ahora qué? – No sé”, digo, “no tengo ni idea de lo que puede pasar.”  Un abismo increíble se abre. ¿Cómo cerrar este agujero, o mejor, construir puentes cuando, dentro de este lugar tan nuestro, tan común, que es la casa, nos vemos sin ningún tipo de orientación?

Simplemente haciendo. Entonces, lo cotidiano nos puede apoyar. “¿Preparamos un té?”, una cerveza, algo de comida. Y cuando amplificamos el sonido del agua hirviendo o de las cucharas que mezclan la miel en la taza, parece que encontramos un material para hacer este puente. Se inaugura un asombro glorioso, un extraño-familiar que puede servirnos de pista de vuelo.

Nos perdemos y nos encontramos con los sonidos de las cosas. Las cosas pierden su lugar, encuentran la vida entre nuestras manos que las experimentan. – ¿Puede el cuerpo ser uno de estos objetos? ¿Por qué no? Escuchamos nuestras cuerdas vocales. Diálogo gutural. El arco del violín encuentra su espacio en esta casa, roza un vaso aquí, una tapa allá. Este agudo lejano de roce ni siquiera suena como una sartén. Descubrimos más “activadores”: un tenedor, una llave, una piedra… Experimentamos con todo lo que alcanza la imaginación. Agua, fruta, vaso, zapato, suelo, planta, gato, mi garganta, tu corazón. Y hablamos sin palabras, somos ojos y oídos y manos mezclados con todo lo que habita en esta retorcida sala de estar. Somos los sonidos, estos flujos mismos – puros ritmos en resonancia.

Si pensamos con y a través de la orientación, podemos permitir que los momentos de desorientación se junten, casi como si fueran cuerpos alrededor de una mesa diferente. Podríamos, en esa reunión, tomar un camino diferente. Los objetos queer pueden llevarnos a los límites mismos de la reunión social, incluso cuando nos reunimos a su alrededor, o incluso cuando nos llevan a reunirnos en una mesa. De hecho, vivir una política de desorientación puede suponer mantener el encanto de las formas de la reunión social.

Sara Ahmed, Fenomenología Queer, p. 42


[1] Dossier de la investigación en 2018-2019: Laboratorio de Transducciones by Fabiana Vinagre – Issuu

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